Redactores Profesionales

Corregimos o escribimos sus textos y usted se dedica a vivir.
Somos trabajadores de la palabra, especialistas en la redacción y corrección profesional de libros, boletines, informes, artículos, documentos legales, crónicas, cartas, contenidos de páginas web, folletos, entrevistas y demás escritos editoriales, empresariales e institucionales.

Artículos recientes

info@redactores.org

+57 321 468 6727

0
  • No hay productos en el carrito.
Subir

Publicar la propia obra es el mejor camino

Publicar la propia obra es el mejor camino

Viene creciendo cada año la ola de la autopublicación. Muchos autores jóvenes y veteranos, la mayoría noveles, está optando por este camino de edición ante la indiferencia, la excesiva mercantilización y las pocas oportunidades que ofrecen las editoriales tradicionales. Pequeñas editoriales o empresas de servicios editoriales se están convirtiendo en alternativa para ayudar a los autores a conquistar lectores.

 

Investigar, crear y escribir una obra nunca ha sido suficiente. El paso siguiente, la publicación, siempre ha sido esquivo, laurel para unos privilegiados. Algunos autores, por prestigio, habilidades sociales o editoriales o buena suerte, alcanzan el sueño dorado de ser publicados y promocionados y vendidos por una editorial tradicional, mayúscula. La mayoría ha intentado alguna vez que una de estas empresas mire hacia sus creaciones, pero son pocos los escogidos y publicados. La otra posibilidad es no pensar siquiera en la maternidad de una editorial, sino en decidir publicar sus obras con sus propios recursos: autopublicar, que no es convertir un texto escrito en Word en un PDF pulido y colgarlo en una plataforma de libros en línea. Es mucho más.

 

Publicar por sí mismos, una tendencia de estos tiempos, es una práctica muy antigua. Solo que ahora hay muchos más escritores noveles dispuestos a arriesgarse con esta forma de edición. Pero más allá del tiempo, siempre ha estado rodeada de prejuicios, de prevenciones, de visiones equivocadas acerca de su importancia.

 

Antes de tratar los prejuicios a su alrededor, es pertinente mencionar a escritores de los grandes que en el pasado recurrieron a publicar alguna o todas sus obras con dinero de su propio bolsillo. Entre los más ilustres están Jorge Luis Borges, Virginia Woolf, Jane Austen, Margaret Atwood, Ramón María del Valle-Inclán, E. L. James y Federico Moccia, entre otros.

 

Son muy pocos los escritores que siendo noveles o maduros logran ingresar al olimpo de las editoriales tradicionales, las que invierten unos recursos en escritores que pueden resultar bien recibidos por los lectores o no. Porque es más bien poco lo que estas empresas publican que merece ser comprado y leído. La basura libresca está muy bien regada por el mundo editorial. Al resto de escritores le queda la opción de autopublicarse, que no es un recurso de malos escritores, como se cree en algunos círculos intelectuales, editoriales y académicos, como si fueran una subcategoría, el corral de los que nadie querrá leer.

 

Es decir, el hecho que una editorial tradicional ponga sus grandes ojos en tu obra no es garantía de que eres buen escritor, como autopublicarte no es síntoma de lo contrario. No es lo que se llama vanity publishing o publicación de ego. Son dos canales distintos. Ambos válidos. Lo importante es llegar a los lectores.

 

La gran mayoría de los libros publicados por sus autores van a terminar en las grandes plataformas de venta de libros en línea, que se convierten en unas canteras de donde saldrán los grandes escritores del futuro, los que esperan ser descubiertos por las viejas, nuevas, grandes o pequeñas editoriales convencionales.

 

Por lo general, las obras más autopublicadas son las novelas y los cuentos.

 

En 2018, en España, uno de cada cuatro libros escritos fue autopublicado. Mucho público lector busca obras de este tipo, aunque todavía no hay estadísticas ciertas y confiables. Pero se prevé que ambos eslabones de la cadena del libro crecerán mucho en los próximos años.

 

Una de las mayores ventajas de autopublicar es que el autor aprende y controla todo el proceso de edición de su obra, lo lleva paso a paso, trabaja cada detalle con el respaldo de diferentes profesionales, como el lector profesional o técnico, el corrector de estilo, el diseñador gráfico y el impresor, entre otros. El escritor se convierte con el tiempo en un editor profesional. Además, todo el dinero de la venta de sus ejemplares impresos irá a su bolsillo, no lo compartirá con nadie, porque solo él maneja los derechos de comercialización de su obra. Al contrario de lo que sucede en una editorial tradicional, que asume ese derecho y, en caso de que la obra no se convierta en un fenómeno de venta, hasta ahí llegan las posibilidades del autor y de su obra de turno, porque no podrá comercializarla con otra editorial.

 

Empresas editoriales de autopublicación como Mundo Historial Editores ofrecen y prestan servicios editoriales para ayudar a los autores a optimizar sus obras, aconsejarles sobre los tirajes adecuados y asesorarlos en todo el proceso editorial.

 

Unas de las mayores dificultades de este sistema de edición son sus etapas finales, la distribución, la promoción y la comercialización. En estos campos también los impulsan con la inserción de las obras en reconocidas plataformas de libros en línea o llevándolas a los estantes de pequeñas y grandes librerías; con la creación de una página para la obra y el autor en las redes sociales; con escribir y enviar mensajes sugestivos, curiosos, atractivos para hacerlas visibles; con organizar eventos promocionales con potenciales lectores como lecturas en voz alta, entrevistas en vivo, conferencias y firmas de autógrafos, para lograr que las compren el mayor número de lectores en la ciudad, el país, la región y el ancho mundo. Porque escribir una obra nunca ha sido suficiente. Los lectores hay que salir a buscarlos y la autopublicación puede ser el mejor camino para conquistarlos.

Viene creciendo cada año la ola de la autopublicación. Muchos autores jóvenes y veteranos, la mayoría noveles, está optando por este camino de edición ante la indiferencia, la excesiva mercantilización y las pocas oportunidades que ofrecen las editoriales tradicionales. Pequeñas editoriales o empresas de servicios editoriales se están convirtiendo en alternativa para ayudar a los autores a conquistar lectores.

 

Investigar, crear y escribir una obra nunca ha sido suficiente. El paso siguiente, la publicación, siempre ha sido esquivo, laurel para unos privilegiados. Algunos autores, por prestigio, habilidades sociales o editoriales o buena suerte, alcanzan el sueño dorado de ser publicados y promocionados y vendidos por una editorial tradicional, mayúscula. La mayoría ha intentado alguna vez que una de estas empresas mire hacia sus creaciones, pero son pocos los escogidos y publicados. La otra posibilidad es no pensar siquiera en la maternidad de una editorial, sino en decidir publicar sus obras con sus propios recursos: autopublicar, que no es convertir un texto escrito en Word en un PDF pulido y colgarlo en una plataforma de libros en línea. Es mucho más.

 

Publicar por sí mismos, una tendencia de estos tiempos, es una práctica muy antigua. Solo que ahora hay muchos más escritores noveles dispuestos a arriesgarse con esta forma de edición. Pero más allá del tiempo, siempre ha estado rodeada de prejuicios, de prevenciones, de visiones equivocadas acerca de su importancia.

 

Antes de tratar los prejuicios a su alrededor, es pertinente mencionar a escritores de los grandes que en el pasado recurrieron a publicar alguna o todas sus obras con dinero de su propio bolsillo. Entre los más ilustres están Jorge Luis Borges, Virginia Woolf, Jane Austen, Margaret Atwood, Ramón María del Valle-Inclán, E. L. James y Federico Moccia, entre otros.

 

Son muy pocos los escritores que siendo noveles o maduros logran ingresar al olimpo de las editoriales tradicionales, las que invierten unos recursos en escritores que pueden resultar bien recibidos por los lectores o no. Porque es más bien poco lo que estas empresas publican que merece ser comprado y leído. La basura libresca está muy bien regada por el mundo editorial. Al resto de escritores le queda la opción de autopublicarse, que no es un recurso de malos escritores, como se cree en algunos círculos intelectuales, editoriales y académicos, como si fueran una subcategoría, el corral de los que nadie querrá leer.

 

Es decir, el hecho que una editorial tradicional ponga sus grandes ojos en tu obra no es garantía de que eres buen escritor, como autopublicarte no es síntoma de lo contrario. No es lo que se llama vanity publishing o publicación de ego. Son dos canales distintos. Ambos válidos. Lo importante es llegar a los lectores.

 

La gran mayoría de los libros publicados por sus autores van a terminar en las grandes plataformas de venta de libros en línea, que se convierten en unas canteras de donde saldrán los grandes escritores del futuro, los que esperan ser descubiertos por las viejas, nuevas, grandes o pequeñas editoriales convencionales.

 

Por lo general, las obras más autopublicadas son las novelas y los cuentos.

 

En 2018, en España, uno de cada cuatro libros escritos fue autopublicado. Mucho público lector busca obras de este tipo, aunque todavía no hay estadísticas ciertas y confiables. Pero se prevé que ambos eslabones de la cadena del libro crecerán mucho en los próximos años.

 

Una de las mayores ventajas de autopublicar es que el autor aprende y controla todo el proceso de edición de su obra, lo lleva paso a paso, trabaja cada detalle con el respaldo de diferentes profesionales, como el lector profesional o técnico, el corrector de estilo, el diseñador gráfico y el impresor, entre otros. El escritor se convierte con el tiempo en un editor profesional. Además, todo el dinero de la venta de sus ejemplares impresos irá a su bolsillo, no lo compartirá con nadie, porque solo él maneja los derechos de comercialización de su obra. Al contrario de lo que sucede en una editorial tradicional, que asume ese derecho y, en caso de que la obra no se convierta en un fenómeno de venta, hasta ahí llegan las posibilidades del autor y de su obra de turno, porque no podrá comercializarla con otra editorial.

 

Empresas editoriales de autopublicación como Mundo Historial Editores ofrecen y prestan servicios editoriales para ayudar a los autores a optimizar sus obras, aconsejarles sobre los tirajes adecuados y asesorarlos en todo el proceso editorial.

 

Unas de las mayores dificultades de este sistema de edición son sus etapas finales, la distribución, la promoción y la comercialización. En estos campos también los impulsan con la inserción de las obras en reconocidas plataformas de libros en línea o llevándolas a los estantes de pequeñas y grandes librerías; con la creación de una página para la obra y el autor en las redes sociales; con escribir y enviar mensajes sugestivos, curiosos, atractivos para hacerlas visibles; con organizar eventos promocionales con potenciales lectores como lecturas en voz alta, entrevistas en vivo, conferencias y firmas de autógrafos, para lograr que las compren el mayor número de lectores en la ciudad, el país, la región y el ancho mundo. Porque escribir una obra nunca ha sido suficiente. Los lectores hay que salir a buscarlos y la autopublicación puede ser el mejor camino para conquistarlos.

Viene creciendo cada año la ola de la autopublicación. Muchos autores jóvenes y veteranos, la mayoría noveles, está optando por este camino de edición ante la indiferencia, la excesiva mercantilización y las pocas oportunidades que ofrecen las editoriales tradicionales. Pequeñas editoriales o empresas de servicios editoriales se están convirtiendo en alternativa para ayudar a los autores a conquistar lectores.

 

Investigar, crear y escribir una obra nunca ha sido suficiente. El paso siguiente, la publicación, siempre ha sido esquivo, laurel para unos privilegiados. Algunos autores, por prestigio, habilidades sociales o editoriales o buena suerte, alcanzan el sueño dorado de ser publicados y promocionados y vendidos por una editorial tradicional, mayúscula. La mayoría ha intentado alguna vez que una de estas empresas mire hacia sus creaciones, pero son pocos los escogidos y publicados. La otra posibilidad es no pensar siquiera en la maternidad de una editorial, sino en decidir publicar sus obras con sus propios recursos: autopublicar, que no es convertir un texto escrito en Word en un PDF pulido y colgarlo en una plataforma de libros en línea. Es mucho más.

 

Publicar por sí mismos, una tendencia de estos tiempos, es una práctica muy antigua. Solo que ahora hay muchos más escritores noveles dispuestos a arriesgarse con esta forma de edición. Pero más allá del tiempo, siempre ha estado rodeada de prejuicios, de prevenciones, de visiones equivocadas acerca de su importancia.

 

Antes de tratar los prejuicios a su alrededor, es pertinente mencionar a escritores de los grandes que en el pasado recurrieron a publicar alguna o todas sus obras con dinero de su propio bolsillo. Entre los más ilustres están Jorge Luis Borges, Virginia Woolf, Jane Austen, Margaret Atwood, Ramón María del Valle-Inclán, E. L. James y Federico Moccia, entre otros.

 

Son muy pocos los escritores que siendo noveles o maduros logran ingresar al olimpo de las editoriales tradicionales, las que invierten unos recursos en escritores que pueden resultar bien recibidos por los lectores o no. Porque es más bien poco lo que estas empresas publican que merece ser comprado y leído. La basura libresca está muy bien regada por el mundo editorial. Al resto de escritores le queda la opción de autopublicarse, que no es un recurso de malos escritores, como se cree en algunos círculos intelectuales, editoriales y académicos, como si fueran una subcategoría, el corral de los que nadie querrá leer.

 

Es decir, el hecho que una editorial tradicional ponga sus grandes ojos en tu obra no es garantía de que eres buen escritor, como autopublicarte no es síntoma de lo contrario. No es lo que se llama vanity publishing o publicación de ego. Son dos canales distintos. Ambos válidos. Lo importante es llegar a los lectores.

 

La gran mayoría de los libros publicados por sus autores van a terminar en las grandes plataformas de venta de libros en línea, que se convierten en unas canteras de donde saldrán los grandes escritores del futuro, los que esperan ser descubiertos por las viejas, nuevas, grandes o pequeñas editoriales convencionales.

 

Por lo general, las obras más autopublicadas son las novelas y los cuentos.

 

En 2018, en España, uno de cada cuatro libros escritos fue autopublicado. Mucho público lector busca obras de este tipo, aunque todavía no hay estadísticas ciertas y confiables. Pero se prevé que ambos eslabones de la cadena del libro crecerán mucho en los próximos años.

 

Una de las mayores ventajas de autopublicar es que el autor aprende y controla todo el proceso de edición de su obra, lo lleva paso a paso, trabaja cada detalle con el respaldo de diferentes profesionales, como el lector profesional o técnico, el corrector de estilo, el diseñador gráfico y el impresor, entre otros. El escritor se convierte con el tiempo en un editor profesional. Además, todo el dinero de la venta de sus ejemplares impresos irá a su bolsillo, no lo compartirá con nadie, porque solo él maneja los derechos de comercialización de su obra. Al contrario de lo que sucede en una editorial tradicional, que asume ese derecho y, en caso de que la obra no se convierta en un fenómeno de venta, hasta ahí llegan las posibilidades del autor y de su obra de turno, porque no podrá comercializarla con otra editorial.

 

Empresas editoriales de autopublicación como Mundo Historial Editores ofrecen y prestan servicios editoriales para ayudar a los autores a optimizar sus obras, aconsejarles sobre los tirajes adecuados y asesorarlos en todo el proceso editorial.

 

Unas de las mayores dificultades de este sistema de edición son sus etapas finales, la distribución, la promoción y la comercialización. En estos campos también los impulsan con la inserción de las obras en reconocidas plataformas de libros en línea o llevándolas a los estantes de pequeñas y grandes librerías; con la creación de una página para la obra y el autor en las redes sociales; con escribir y enviar mensajes sugestivos, curiosos, atractivos para hacerlas visibles; con organizar eventos promocionales con potenciales lectores como lecturas en voz alta, entrevistas en vivo, conferencias y firmas de autógrafos, para lograr que las compren el mayor número de lectores en la ciudad, el país, la región y el ancho mundo. Porque escribir una obra nunca ha sido suficiente. Los lectores hay que salir a buscarlos y la autopublicación puede ser el mejor camino para conquistarlos.

Donaldo Donado

donaldo.donado@gmail.com

Sin comentarios

Deja un comentario