La corrección, según Mariana Eguaras
La corrección no se limita a cazar erratas ni a revisar tildes. Es el paso en el que se consolida la profesionalidad de un manuscrito y en el que se evitan errores que pueden hacer tambalear la credibilidad del autor. Un libro mal corregido desluce incluso el mejor de los contenidos, mientras que uno bien corregido gana en fluidez y en solidez.
Conviene distinguir los distintos tipos de corrección y el papel que cada uno cumple. La corrección de estilo ayuda a que el texto se lea con naturalidad y precisión; la ortotipográfica asegura la uniformidad en aspectos como mayúsculas, abreviaturas o puntuación; la de pruebas es la última revisión antes de cerrar el archivo definitivo. Cada fase tiene un objetivo concreto y omitir alguna deja huecos que después resultan difíciles de cubrir.
La corrección es también un trabajo de acompañamiento. No se trata de cambiar la voz del autor, sino de afinarla. Un signo mal colocado puede alterar el sentido de una frase; una inconsistencia en los nombres o en las fechas puede desorientar al lector; un exceso de repeticiones le resta fuerza al discurso. El corrector ayuda a que el mensaje llegue con nitidez, sin distracciones ni obstáculos.
Por eso es importante contar con profesionales que conozcan el mundo editorial y comprendan qué se espera de un libro publicado. Confiar la corrección a alguien sin esa experiencia puede dar lugar a resultados desiguales: voces que se alteran, estilos que se fragmentan o errores que se arrastran de una fase a otra. No se trata de descartar a quien comienza, sino de entender que la corrección requiere preparación específica y familiaridad con los estándares editoriales.
Integrar la corrección en el flujo del proyecto significa darle el lugar que le corresponde. No es un trámite que se resuelve al final a toda prisa, sino una fase que se coordina con la edición, con el diseño y con la producción. El tiempo que se dedica aquí es una inversión: asegura que el libro se presente con la solidez y la claridad que se espera de una obra publicada.
La corrección no es un trámite: es una inversión en calidad que sostiene la credibilidad de todo el proyecto.
Es más común de lo que parece que la corrección se vea como un simple trámite al final del camino. En muchos proyectos me encuentro con autores que han invertido tiempo y recursos en la escritura, el diseño o incluso en la promoción, pero han dejado la corrección para el último momento, cuando ya no hay margen para revisiones profundas. Esa visión reduce la corrección a una caza de erratas y olvida que su papel es mucho más amplio: asegurar la coherencia, cuidar la legibilidad y reforzar la voz del autor. Cuando la corrección se integra desde el principio en la planificación, se convierte en un pilar estratégico que sostiene todo el proyecto editorial.
Autora: Mariana Eguaras, editora española.
Boletín del 12 de octubre de 2025.